"Se me ha escapado el pipí": pautas para establecer la continencia urinaria en la infancia

 

La incontinencia urinaria es uno de los motivos de consulta más frecuentes en la edad pediátrica y una de las principales preocupaciones de los padres sobre los más pequeños de casa. Se estima que alrededor de un 10% de los niños a los 6 años aún no han conseguido el control de los esfínteres, y si dicho proceso se extiende en el tiempo puede acarrear sentimientos de vergüenza y dificultades emocionales y sociales en el niño y la familia. A pesar de ello, sigue existiendo la creencia de que el problema se resolverá por sí solo, que junto a tabús y la no consulta a un especialista cuando sería necesario, llevan al mantenimiento innecesario o incluso a su empeoramiento.

 

La adquisición del control de los esfínteres es un proceso madurativo progresivo que implica factores fisiológicos y psicológicos. Primero será necesario que el organismo del niño madure lo suficiente para poder controlar la micción y posteriormente que se aprendan las conductas adecuadas ante determinadas sensaciones fisiológicas (reconocer la sensación de micción inmediata, avisar a papá o mamá, llegar al baño a tiempo, etc.). En términos generales el desarrollo de esta capacidad sigue el siguiente esquema:

 

  • 0-12 meses: la micción es involuntaria, muy frecuente y el niño empieza a reconocer las sensaciones de vejiga llena y de estar mojado. 

 

  • 1-2 años: se reconoce perfectamente la sensación de vejiga llena y la necesidad de orinar, aunque la micción sigue siendo involuntaria.

 

  • 2-3 años: se distinguen las sensaciones de seco y mojado y en ocasiones se controla la micción. Algunos niños consiguen el control de la micción en estas edades, siendo los niños algo más tardíos que las niñas. En general, primero se adquiere el control de esfínteres diurno y más tarde el nocturno.

 

  • 3-4 años: en muchas ocasiones ya se controla la micción diurna, puede despertarse por la noche por la sensación de vejiga llena y se alternan noches secas y húmedas.

 

  • 4-5 años: el control de la micción diurna suele ser total, empieza a despertarse por la noche ante la sensación de micción inmediata y se reduce la necesidad de orinar durante el sueño.

 

  • +5 años: en la mayoría de ocasiones el control de la micción diurna y nocturna en esta edad es total, aunque aún pueden existir escapes puntuales.

 

Aproximadamente el 90% de los niños van a adquirir el control total de los esfínteres antes de los 6 años de edad. No obstante, cada niño tiene un ritmo de desarrollo diferente y este proceso puede llevar más o menos tiempo.

 

En caso de sospecha y que la incontinencia se alargue más allá de lo esperable, conviene no adelantar acontecimientos y estar atentos a los posibles avances del niño en el control de la micción. Lo más probable es que el niño acabe adquiriendo este control tarde o temprano. No obstante, no estaría de más comentar la situación con el pediatra de referencia, quien realizará la valoración necesaria, descartará causas médicas y pautará las indicaciones oportunas.

 

¿Qué podemos hacer como padres en estas situaciones?

 

  1. No alarmarse precipitadamente, pues cada niño y niña tiene un ritmo de desarrollo diferente. Lo más probable es que antes o después se acabe adquiriendo la continencia.

 

  1. No recriminar al niño por los escapes y evitar cualquier tipo de castigo o reprimenda verbal o física. Actuar de esta manera no haría más que aumentar el malestar del niño o incluso empeorar la situación.

 

  1. Mostrar comprensión y apoyo, normalizar la situación y hacerle entender que el control del pipí es algo progresivo que se irá adquiriendo poco a poco.

 

  1. Tener paciencia: la adquisición de la continencia es un proceso que requiere un aprendizaje progresivo y no sería adecuado esperar que el niño la adquiera de la noche a la mañana. Lo más probable es que se vayan alternando noches o días secos con escapes puntuales. En caso de escapes tanto de día como de noche, trabajaremos primero los escapes diurnos y más tarde los nocturnos.

 

  1. Reforzar positivamente (especialmente mediante mensajes positivos y halagos) cualquier logro relacionado con el control del pipí (una noche o un día sin escapes) o conductas relacionadas con el mismo (avisar ante la sensación de micción inmediata, dirigirse al baño para intentar hacer pipí, etc.). Si fuera necesario,puede ser ayuda realizar un registro semanal de forma conjunta con el niño en el que se vayan anotando los logros diarios y días o noches mojadas.

 

  1. Asegurarnos que el niño conoce y entiende todas las conductas necesarias para hacer un uso correcto del baño: comprende el vocabulario básico relacionado (pipí, caca, lavabo), conoce las partes de su cuerpo relacionadas con el pipí y su función, es capaz de diferenciar la sensación de estar seco y mojado, anticipa la sensación de pipí inmediata y puede avisar, es capaz de ir al baño de forma autónoma, quitarse la ropa necesaria y sentarse en el váter y estar quieto mientras hace uso del mismo. En caso que esto no sea así, deberemos trabajar primero estos aspectos.

 

  1. En caso de escapes nocturnos será igualmente necesario que el niño conozca todas las conductas anteriores. Inicialmente se le acompañará al baño para hacer pipí cada noche antes de ir a dormir y se le enseñará qué debe hacer en caso que tenga un escape durante la noche (levantarse, ir al baño y acabar de hacer pipí, cambiarse de ropa, etc.).

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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