La importancia del tacto en el desarrollo y sus alteraciones

  

El sentido del tacto es el primero que se pone en funcionamiento dentro del útero. Nos permite percibir distintos estímulos como el contacto, la presión, la temperatura, las diferentes texturas, la proximidad y el dolor.

 

La piel es el órgano sensorial del tacto y el nexo más importante entre nuestro cuerpo y el exterior. Es de una complejidad extraordinaria. Contiene cientos de variedades de receptores que se encargan de transformar los estímulos que recibimos del exterior en información para que el cerebro la interprete.

 

El tacto es el primer medio de comunicación entre la madre y el bebé. La estimulación táctil pasiva de los padres y la estimulación mediante la boca serán los principales medios de conocimiento del medio exterior. Por ese motivo, destacamos la importancia de la lactancia materna, el método canguro, las caricias, el estar en brazos, el baño, los masajes, etc. Todas estas acciones o métodos estimulan el desarrollo y maduración del sentido del tacto. Eso conlleva al bebé a una infinidad de información corporal, propioceptiva, tanto del entorno como emocional.

 

En el primer año de vida, a medida que el bebé se va desarrollando, empieza un sistema de exploración más asociado a las manos y los pies. Por consiguiente, el tacto se convierte en una herramienta y medio importantísimo para cualquier información del medio exterior. Es el momento en el que el bebé explora los objetos, las distintas posiciones, movimientos, texturas, densidades, etc.

 

¿Qué ocurre cuando esta función se ve alterada?

 

Como ya hemos comentado, el tacto es el que nos proporciona información sobre el medio ambiente y nuestro entorno. Por otro lado, también nos da información sobre el propio cuerpo facilitándonos el crear un adecuado esquema corporal y nos ayuda a obtener un correcto funcionamiento del desarrollo de la motricidad y la coordinación.

 

Si el sistema sensorial táctil está alterado, hará que toda la información que percibimos nos llegue al cerebro alterada. A eso le llamamos Trastorno del Procesamiento Sensorial (TPS). Hay distintas sensibilidades, pero en este artículo, nos centramos en la táctil.

 

Las personas con TPS malinterpretan la información sensorial, como el tacto, sonido y movimiento, llegando a sentirse abrumados por los estímulos cotidianos, llevándolas a tener reacciones impulsivas o a evitar ciertas experiencias. Cuando hay una disfunción de procesamiento sensorial, el cerebro no procesa ni organiza el flujo de impulsos sensoriales, y como resultado pueden manifestarse con problemas de aprendizaje o de comportamiento.  Muchas veces las reacciones que tienen, al ser exageradas, son incomprendidas por los demás, por lo que los hace ser distintos o especiales al resto.

 

Básicamente existen dos tipos de alteraciones sensoriales relacionadas con el tacto: hiporespuesta al tacto (hiposensibilidad) y la hiperrespuesta al tacto (hipersensibilidad). La hipersensibilidad es la más común en niños, ya que es debida a problemas psicológicos, enfermedades o alteraciones del desarrollo.

 

Las personas con hipersensibilidad táctil tienen las zonas de las manos, los pies, el cuello o los brazos muy sensibles. Por eso, generalmente, estos niños suelen evitar en la medida de lo posible el contacto físico (caricias, abrazos, dar la mano, besos…) lo que implica una dificultad en la vida social así como en la intimidad. 

 

Actividades que se pueden realizar para ayudar a estos niños a alcanzar su regulación sensorial son:

  • En hiposensibilidad realizar masajes con las propias manos, con herramientas, con masajeadores vibratorios, etc.

  • Para los niños hiposensitivos, con una pelota grande tumbarlos en el suelo y ejercer presión profunda sobre todo el cuerpo antes de hacer una actividad que requiera cierto nivel de atención.

  • En los hipersensitivos realizar ejercicios de tacto suaves con plumas, algodones, con cojines, etc.

  • En un mantel impermeable jugar a dibujar letras en una fina capa de espuma de afeitar.

  • Hacer cajas con legumbres, arroz, fideos, esconder juguetes pequeños dentro de la caja a los que hay que rescatar.

  • En una tapa de caja de zapatos crear un arenero, con una fina capa de arena o sal y jugar a dibujar letras u objetos sencillos (ir a la playa también va muy bien).

  • Ir descalzos por distintas superficies de la casa.

  • Crear una caja de texturas, tanto para niños con hipo/hipersensibilidad, e ir exponiéndolos poco a poco a los estímulos sin forzar, jugar a guardar las diferentes texturas en la caja, etc. 

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