Escarlatina, una infección frecuente

 

 

La escarlatina es una infección muy característica de la infancia. La mayoría de los casos ocurren en niños mayores de cuatro o cinco años y es rara en niños de menos de tres. Suele aparecer en forma de brotes en guarderías y colegios.

 

Está producida por una bacteria, el estreptococo del grupo A o estreptococo pyogenes. Esta bacteria se transmite de una persona a otra por vía respiratoria, a través de gotas de saliva. A pesar de lo que se piensa, no es una enfermedad erradicada, pues no existe vacunación frente a este germen.

 

El estreptococo anida en la garganta del niño y produce las manifestaciones características de una faringoamigdalitis aguda (“anginas”), con fiebre elevada, dolor de garganta que empeora al tragar, aumento de volumen y dolor en los ganglios del cuello, dolor de cabeza y vómitos. Así mismo, el estreptococo produce una sustancia (toxina) que pasa a la sangre, se disemina por el cuerpo y produce una erupción característica de la enfermedad. La piel adquiere entonces un aspecto rojizo, de “piel de gallina” o como papel de lija fina, sobre todo en el pecho y la cara y en los pliegues (cuello, axilas e ingles).

 

El diagnóstico de la escarlatina es, sobre todo, clínico. Es decir, por los hallazgos típicos de la enfermedad. Cuando la enfermedad no es tan florida o las manifestaciones no son tan típicas puede realizarse una prueba rápida de detección del estreptococo pyogenes, que nos permite saber en pocos minutos si este germen está presente en la garganta del paciente. Para ello se ha de  tomar una muestra frotando las amígdalas del niño con un bastoncillo (similar al que se utiliza para la higiene de los oídos).

 

El tratamiento de la escarlatina es con antibiótico vía oral, con penicilina o amoxicilina, durante diez días. Es importante, aunque mejoren los síntomas, completar el tratamiento antibiótico para evitar las complicaciones que puede producir la infección por esta bacteria. Aunque en nuestro medio y en la actualidad éstas son poco frecuentes, pueden ser graves por la afectación del corazón (fiebre reumática) o del riñón (glomerulonetritis postestreptocócica).

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