Convulsiones febriles

September 13, 2018

  

 

Las convulsiones febriles son aquellas convulsiones que se acompañan de fiebre pero que no se deben a una infección del sistema nervioso central (meningitis o encefalitis) ni a alteraciones metabólicas. Tampoco se consideran crisis febriles aquellas que presenta un niño diagnosticado de epilepsia que, como consecuencia de un proceso infeccioso febril, se descompensa.

 

Es importante diferenciar las crisis febriles de los temblores y escalofríos propios de la subida de la fiebre, en los cuales no existe afectación de conciencia ni desconexión del ambiente.

 

Las convulsiones febriles afectan a entre el 2 y el 5% de la población infantil y se producen con mayor frecuencia en niños de entre seis meses y seis años de edad. En este grupo de edad constituyen la causa más frecuente de crisis convulsivas.

 

Se producen con mayor frecuencia el primer día del proceso febril y durante el primer pico de fiebre. Cualquier proceso infeccioso que curse con fiebre puede desencadenar una crisis convulsiva febril, si bien por su mayor frecuencia es habitual que se trate de infecciones de vías respiratorias superiores, tales como catarros, faringitis, amigdalitis, otitis agudas, laringitis… Algunos virus intestinales como el rotavirus también producen crisis febriles con frecuencia.

 

En la mayoría de niños que las padecen se trata de convulsiones generalizadas, con pérdida de conciencia y rigidez seguida de movimientos de sacudida de brazos y piernas. Suelen ser breves, de pocos minutos de duración, con recuperación posterior íntegra sin secuelas y habitualmente no se repiten en las siguientes veinticuatro horas. Tras la convulsión es normal que el niño quede adormilado y poco reactivo.

 

A este tipo de crisis se les denomina convulsiones febriles simples. Cuanto menor sea la edad del niño cuando se produce la primera convulsión, mayor es la frecuencia con que pueden volver a presentarlas a lo largo de la infancia.

 

Las crisis febriles suelen ocurrir en niños con antecedentes familiares de crisis febriles, ya que existe una predisposición genética a padecerlas de forma transitoria durante la infancia.

Se trata de un trastorno de naturaleza benigna, pues los niños con convulsiones febriles simples no presentan un riesgo significativamente mayor que el resto de padecer epilepsia, retraso del desarrollo cognitivo o neuropsicológico ni de mortalidad durante la infancia o la edad adulta.

 

De cara al manejo, lo más importante es transmitir a sus padres y cuidadores el mensaje de que se trata de un trastorno muy frecuente en la infancia, que es de naturaleza benigna, sin secuelas neurológicas ni desarrollo de epilepsia en un futuro y con mortalidad nula. Es importante tratar los cuadros febriles con antitérmicos (ibuprofeno, paracetamol) y medidas físicas desde su inicio, pues la mayoría de las crisis febriles se producen el primer día de fiebre.

Si bien no está indicado realizar de forma rutinaria pruebas como electroencefalograma, resonancia magnética craneal ni análisis de sangre en niños con crisis febriles simples, la decisión de si precisa alguna de ellas ha de individualizarla en cada caso su pediatra. 

 

El tratamiento preventivo de las crisis febriles con fármacos antiepilépticos únicamente se recomienda en casos muy seleccionados.

 

Para información adicional sobre cómo actuar frente a una crisis febril, pueden consultar la página web de la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas, en su apartado de Información para Padres:


https://seup.org/pdf_public/hojas_padres/convul_fiebre.pdf

  

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